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Inicio Mittwoch, 10. März 2010
Solomillo de Ternera Imprimir E-Mail
  • Solomillo
  • Sal
  • una miajita de aceite 

 

 

Para la salsa:

  • queso cremoso    
  • nata
  • pimienta
  • sal
  • perejil
  • caldo casero

Antonio, mi carnicero, me llama el viernes para comunicarme que, por fin, mis oraciones han sido atendidas, y que el solomillo de ternera que le encargué antes del verano está a mi entera disposición.

Antonio mata una ternera por semana, más o menos; cada ternera tiene un sólo-millo , y la cola de peticiones es larga como la de operarse de vasectomía por el seguro. Pero es que no es lo mismo comprarle la carne a Antonio que a cualquiera y (¡ay!), él lo sabe.

Cuando llego, me cuenta una rocambolesca historia de que yo le había dicho que me aviaba con medio solomillo. Supongo que se le ha cruzado otro compromiso, y el hombre no es capaz de decirnos que no a ninguno. Qué se le va a hacer. Miientras lo prepara, se me ocurre comentarle que estoy pensando cómo ponerlo, que he visto una receta al horno y otra guisado con... Antonio deja de quitarle el cordón a la pieza, y me mira de una forma que, dado que tiene un cuchillo en la mano, da un poco de miedo.

-!A la plancha! ¡Hombre, a la plancha! Esto namás necesita sal y a tomar por culo. Ni limón ni yerbajos. Ni perejil siquiera. Sal y plancha ¡Valiente tontería, estropeá esta carne!

Humildemente, acepto el consejo del ofendido carnicero, y le prometo no estropear la carne que me vende, so pena de un clavo aún mayor la próxima ocasión.

Como tengo invitados en casa y sólo tengo medio solomillo (un kilo y poco), adorno el plato convenientemente con verduras hervidas al vapor y puré de patatas para los adultos, y patatas fritas para los niños sin complejo de gordos.  Improviso una salsa con un queso cremoso de cabra que me vende Aurelio, nata, sal, perejil  y un cazo de caldo casero que, milagrosamente, sale estupendo.

Me aprovecho de las mejores dotes culinarias de mi amigo José Luis, que de invitado pasa a cocinero, y el solomillo sale de la plancha crujiente por fuera y casi sin hacer por dentro, perfecto.  Disfrutamos de la carne de la pobre ternera y rematamos con helado del Rayas, que José Luis y Olga han tenido a bien traer.

 

 
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