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- Carne picada (hay teorías sobre el origen)
- Pan mojado/Panrallado (también aquí hay escuelas)
- Ajo
- Perejil
- sal
- Pimienta
- Aceite de oliva
- Cebolla
- pimiento
- Vino blanco o cerveza
La masa de la albóndiga es una mezcla de carne y pan, las más veces rallado, algunas mojado en agua (o leche) y escurrido, ajo, perejil y un toque de pimienta, con huevo batido que la amalgame. Hay quien prefiere la carne picada de ternera al cerdo, y los que gustan de ligar ambas. Aún así, hay discusión sobre las proporciones, aunque la mayoría de las escuelas se inclinan por el medio a medio: No faltan quienes gustan de añadir jamón a la mescolanza (elemento que no sienta mal en ningún caso, ni en el helado de chocolate, si me apuran). Les confieso que yo le compro la carne aliñada ya hecha a Aurelio, mi pollero de cabecera, y que el pollo no le va nada mal al invento. La confección de la albóndiga es uno de los ritos iniciáticos más gratos a los niños de la casa (no así a quien le toca limpiar la cocina y bañar a los infantes, claro). Al mejor estilo de don Henry Ford, disponemos en cadena el plato con la masa, el cuenco del huevo batido, el pan rallado y la fuente para el producto terminado. Intentamos (inútilmente) convencer a los niños de que usen las cucharas para amasar (o al menos, para calcular un tamaño parecido) y que no intercambien el tenedor del huevo y el del pan rallado, para que no se manchen mutuamente ambos ingredientes. Rápidamente, la batalla se desplaza a evitar que se coman las albóndigas crudas, mientras nos arrepentimos amargamente de haberles invitado a ayudarnos en la cocina. La albóndiga ya amasada se fríe en abundante aceite y se retira. Mientras luchamos con los niños para que no se coman la albóndiga ya frita (no porque vaya ya a sentarles mal, sino porque nos descabala el guiso), freímos la abundante cebolla picada y el pimiento en el mismo aceite en el que antes hicimos las bolitas de carne. Volvemos a colocar las albóndigas fritas en la olla, sobre el lecho de cebolla, y cubrimos con vino y agua, o vino y caldo, o un par de latas de cerveza (más bien una y media, la otra media, si no hay más remedio, pues se la bebe uno). Salamos y esperamos. La guarnición ideal es la patata frita sobre la que derramamos un pelín del caldo. No obstante, un niño pejiguera puede ser contentado con albóndigas simplemente fritas, sin caldo ni cocción, y algo que las acompañe en la soledad del plato. Profundísimo artículo albondiguero en Wikipedia Página del Ikea donde venden esas albóndigas que sirven con mermelada, los muy guarros |